Reflexiones sobre Obama: Oportunidades E-mail
Opinión

Obama Obama, presidente de los Estados Unidos

Por: Álvaro González. Miembro del Comité Organizador del 4F. Nueva York. Nota del 23 de Enero de 2009

Después de oír el discurso de Barack Obama en la ceremonia de posesión no queda duda de su gran poder de oratoria inspiradora, sino además de su gran calidad humana, de su sensibilidad, de su entendimiento acerca de los problemas que aquejan a Estados Unidos y de la visión que tiene acerca de cual debe ser el destino de esta gran nación. Fue un discurso en el cual no solo tocó todos y cada uno de los problemas que nos aquejan y sus causas, sino que asimismo resaltó las virtudes y valores sobre los cuales el país fue fundado y que acusan ser las razones de su desarrollo como nación.

Quizás ciertas personas no entiendan en toda su extensión el significado de que Obama sea hoy el cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos, debido a que tocaría vivir ciertos episodios en carne propia de los rezagos que aún deja la discriminación racial, la cual si bien empezó con los esclavos africanos, se ha extendido a casi todas las etnias que no sean la denominada blanca americana. La discriminación en Estados Unidos es aún una realidad en nuestros días lo que pasa es que es menos evidente ya que se sucede de manera solapada y a “escondidas”. Los salarios en casi todas las compañías dependen de la raza y del género, es un secreto a voces que todo el que vive y ha trabajado en Estados Unidos puede dar fe de eso; y no sólo hago alusión a la mano de obra no calificada, ya que, por definición, es la menos remunerada; hablo de mano de obra calificada, esto es, con una preparación técnica, tecnológica y/o profesional. Como en todos los casos, siempre hay excepciones a la regla.

A pesar de esa limitante racial, lo realmente interesante y que vale la pena resaltar es el hecho de cómo cuando se brindan las oportunidades suficientes a un individuo, éste puede triunfar y llegar a conseguir lo que desea como bien mencionaba Obama en su discurso: “transferir ese precioso regalo, esa noble idea, pasada de generación en generación: la promesa dada por Dios de que todos los hombres son iguales, que todos son libres y que merecen una oportunidad de perseguir lo que para ellos representa su felicidad (to carry forward that precious gift, that noble idea, passed on from generation to generation: the God-given promise that all are equal, all are free and all deserve a chance to pursue their full measure of happiness)”. Nada más cierto que las anteriores palabras, y es ahí donde se fundamenta la grandeza de Estados Unidos, en donde todo, literalmente todo es posible alcanzar mientras se tengan las ganas de hacerlo. La elección de un presidente afroamericano era el único episodio o evento que faltaba por suceder y que materializa el sueño del Dr. M. L. King, Jr. y otros afroamericanos de principio de los 90’s; y que además rompe con esquemas y tabúes y manda un nuevo mensaje a la sociedad americana y al mundo. Falencias las hay, la perfección no existe. Obama las reconoció humildemente.

Es lo que a muchos mandatarios de América Latina y otros países se les olvida, que el camino para minimizar la desigualdad social es brindando oportunidades a sus ciudadanos para que vuelvan a creer en el gobierno representado por sus instituciones. Mandatarios que no comprenden la desilusión de un padre que se sacrifica diariamente para brindarles un mejor futuro a sus hijos. Ese futuro que no existe porque sus hijos no pueden siquiera desarrollar en su más mínima expresión todo su potencial. No comprenden que no hay satisfacción más grande en el mundo para un padre que ver a sus hijos realizados y ver que el esfuerzo de tantos días de trabajo, noches de desvelo, lágrimas derramadas, no fue en vano. Por el contrario, siguen su sufrimiento al sentirse impotentes de poder cambiar el escenario para sus hijos y lograr que sean felices de una vez por todas.

Nuestros mandatarios y demás instituciones del gobierno con su inoperancia, su avaricia, su corrupción están enviando el mensaje equivocado a la sociedad, la cual, confusa y desesperada, pierde el norte y empieza a replantear muchos conceptos que para ellos, en teoría, eran claros y que debido a la falta de oportunidades creen que el camino que eligieron para educar a sus hijos no es el correcto y éstos a su vez empiezan a crear para si nuevas oportunidades así sea que éstas no sean precisamente lo que tenían planeado para su vida: delinquir.

No hay oportunidades de desarrollo para el arte (música, pintura, teatro, etc.), los deportes, la ciencia, los educadores, los niños, los estudiantes, los empleados en general. No hay inversión en infraestructura. No hay un ejemplo y patrón a seguir porque sencillamente nuestra sociedad olvidó que la mejor manera de enseñar es con el ejemplo, olvidó que ser honesto es una cualidad y no una muestra de debilidad. Los delincuentes (sea cual fuere su procedencia y campo de acción) y su dinero fácil y mal habido son cada vez más aceptados en el seno de nuestra sociedad, una sociedad terriblemente debilitada en sus valores y convicciones debido a la inoperancia de nuestros mandatarios en brindar oportunidades. Ese es el mensaje enviado a nuestra sociedad: delinca y de esa manera consiga los medios para alcanzar lo que para usted representa su felicidad a pesar que lo que haga vaya en contra de usted mismo, su familia y los demás.

La misma sociedad puede cambiar esto mediante nuestro derecho legítimo de poder elegir quien ha de regir los destinos a nivel local y nacional. Esto fue demostrado en el país más poderoso del mundo: eligieron un afroamericano a pesar de que hasta hace un poco más de 50 años eran víctimas de discriminación abierta, eligieron a alguien que representa todo lo opuesto a lo que el  gobierno anterior representó, que masivamente entendió que la oportunidad de cambiar las cosas es mediante el esfuerzo conjunto, de concienzarse, de entender que lentamente los intereses particulares fueron mermando los intereses generales que los llevó a una crisis económica sin precedentes desde la década de los 30’s, de entender que la esencia y el poder de una nación reposa en cada uno de sus individuos. El mensaje que envió la experiencia americana fue claro solo toca seguirlo y ponerlo en práctica.

 

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