La soledad de una esperada celebración E-mail
Opinión

Pablo Emilio Moncayo Pablo Emilio Moncayo secuestrado por las Farc

Por Camilo Fajardo, Amigo de Pablo Emilio Moncayo

Hoy un intempestivo palpitar agitó mi corazón y muy lentamente abrí los ojos buscando saber qué me pasaba, mis pupilas encontraban diminutas luces colgadas en el cielo cuando me paré frente a la ventana.

Recordé cuantas veces había reído y llorado, amado y olvidado, a esa hora de la fría mañana intenté encontrar abrigo en un café, suave y recién hecho, con el aroma enamorador de nuestros campos, pero ni eso ni la lectura, mucho menos la sinfonía armoniosa y delicada de los minúsculos habitantes de mi jardín lograba acallar un gemido que, desde las entrañas de mi ser emanaba buscando el consuelo materno de los brazos de quien me obsequió la vida.

Quise salir corriendo a buscar en cada habitación la voz de mis hermanos para que me tranquilicen con un sabio consejo, finalmente ambicioné volver a ver a papá y abrazarlo cuantas veces fuera necesario, un millón tal vez? No lo se, quería aprovechar cada instante de mi vida como si fuera el último, pensaba que ese era el último, soñaba que ese debería ser.

Y por qué soñar con que este instante sea el último si amo mi vida?

Era indescriptible la soledad que vivía, me sentía encerrado entre las heladas paredes de mi habitación, como si ellas fueran barrotes de odio y rencor, de trato infrahumano, de crueles castigos, de torturas y dolor.

Lloré desesperadamente sin saber qué me pasaba, tomé mi cabeza y le pedí a Dios que me acompañe en esos momentos tan horribles de mi vida,  me sentí solo, como si la vida me estuviera jugando una mala pasada, sentí morir. Fueron unos pocos minutos de desasosiego nunca lo voy a olvidar.

Cómo podré olvidar que solo encontré la respuesta en el acorde de una vieja guitarra que, como si fuera una gran maquina, me transportó en el tiempo, entonces fue cuando recordé que Tu tocabas esas bellas canciones que llegan al alma, vi Tu rostro, con la pureza que aún conservas, escuche Tu voz suave y apaciguada, sentí Tu presencia, hiperactivo y entregado, apasionado por la vida, atento y observador, lloré de nuevo desgarradamente, como pocas veces lo suelo hacer, un calendario en la pared me recordó esta fecha, el día de Tu cumpleaños.

De lo que sentí no quiero volver a hablar, solamente decir que por unos minutos viajé a la selva para buscarte entre la manigua y fundirnos en un abrazo mientras Te cantaba las mañanitas.

Siempre vas a ser un héroe, siempre estaré orgulloso de tener un amigo héroe de verdad, y cuando vuelvas vamos a fundirnos en el abrazo que te quiero dar desde hace once años, los mismos que Tu llevas en la selva.Feliz cumpleaños Pablo Emilio, que los sigas cumpliendo, pero en LIBERTAD!!!
 

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